El guionista creador de Los Misterios de Laura y Motivos personales actualmente se dedica a escribir proyectos de series para Boomerang TV. Este año ha publicado tres novelas juveniles, tiene dos infantiles pendientes de publicar y un thriller de adultos que tiene intención de escribir. También está desarrollando un largometraje que le gustaría sacar adelante en 2020.
¿Qué tiene que tener una persona para contar buenas historias?
Formación e imaginación. La primera se adquiere. La segunda se puede trabajar gracias a la primera. Todo está inventado ya, así que es fundamental que, si quieres contar historias, conozcas ya cientos de ellas. Para escribir hace falta leer mucho, ver mucho cine y mucha televisión. Y de muchos géneros diferentes. Leer enriquece, pero leer siempre lo mismo acaba empobreciendo.
¿Y para analizarlas?
Por un lado, paciencia. Y por otro, espíritu crítico (empezando por uno mismo: si no eres capaz de valorar objetivamente tu propio trabajo… ¿cómo vas a valorar el de los demás?). Necesitas ir un paso más allá cada vez que terminas de leer un libro o de ver una película o serie. No puedes quedarte solo en el “me ha gustado” o “no me ha gustado”. Y muchas veces, al salir del cine o apagar la TV, nos dejamos llevar por las imágenes (la dirección, la dirección artística, la fotografía, la interpretación…) y nos olvidamos de la historia. ¿Está bien contada? ¿Los personajes son interesantes? ¿Hay conflicto y está aprovechado? ¿Se ha contado esta historia mejor antes? No hay que tener prisa a la hora de analizar una película. Deja que pasen unas horas (si puedes, igual tienes una hora de entrega). Muchas veces la buena ficción deja un poso en el espectador que tarda en aparecer.
Tuviste una trayectoria meteórica. Eras un veinteañero y ya eras autor de dos series. ¿Consideras que has sido un afortunado?
Mucho. Tuve la suerte de caer en Boomerang TV en el momento adecuado, y con un jefe, Gregorio Quintana, que entendía que a la cabeza no se la debe forzar, que hay que pensar las series a fuego lento, meditando, analizando, sopesando, reescribiendo… Aprendí mucho esos primeros años. Cuando creamos “Un lugar en el mundo” (Antena 3) yo tenía 23 años. A mis 25, nació “Motivos personales” (Telecinco). Y con “Los misterios de Laura” yo tenía 30. Más afortunado en el trabajo no se puede ser.
¿Algo que vivieses durante esos años y no se pueda contar?
Todo lo bueno que me pasó se podría contar. Y si lo puedo contar, es que no merece la pena contarlo porque sonará aburrido. Lo interesante siempre es lo que no se puede contar, claro. Y estas cosas suelen ser las negativas: un par de discusiones con actores por aquí, una pelea con un director que no llegó a las manos de milagro por allá, peleas sonrojantes con directivos de cadena, decepciones personales enormes con compañeros de trabajo que te traicionan culebroneramente… Todo curte, eso sí. No cambiaría nada de lo que me pasó en esa época.
Una vez analizaste un guion que escribimos un compañero y yo. Desarrollamos una trama en la que la historia de amor tenía un ritmo aceleradísimo. Sin embargo, nos dijiste algo que siempre recuerdo a la hora de escribir: una historia realmente emocional no puede ser tan evidente porque el amor de verdad es contenido. ¿Sigues manteniendo esa afirmación?
¡Qué frase más chula! ¡No recuerdo haberla dicho! Si la he dicho, la mantengo. Es cierto que en ficción necesitamos casi siempre alterar la realidad para hacerla atractiva. Un largometraje te puede exigir a veces más rapidez a la hora de contar ese tipo de situaciones, pero una serie agradece que las cosas vayan con más calma. Cuando vas cociendo una relación sentimental a fuego lento la disfrutas mucho más. Durante muchos años, en España la trama amorosa por excelencia fue la que mantuvieron Emilio Aragón y Lydia Bosch en “Médico de familia”. Tensión sexual no resuelta durante varias temporadas, y cuando estalló por fin, la gente corrió a abrazar sus televisores. En ficción, por regla general, no hay nada más bonito que las palabras no dichas, los “te quiero” que te tragas, los besos que no das… Todo lo que no se dice cuenta más que lo que sí se dice.
¿Escribir para vivir o vivir para escribir?
Escribir para vivir. Si vives para escribir… ¿qué te queda? Escribir es una profesión. Muy vocacional, sí, pero una profesión al fin y al cabo. No es lo más importante en mi vida: mi familia sí.
¿Te sientes libre?
Creo que sí… Nunca me había parado a hacerme esa pregunta. En mi vida, desde luego. En mi trabajo, he tenido mis épocas de no sentirme libre, de tener que escribir una determinada serie de una determinada manera, siguiendo indicaciones de demasiadas personas… Pero en general he tenido una vida profesional bastante a mi aire. Casi siempre he podido escribir lo que me gustaba, así que me sigo considerando afortunado.
¿Solo o acompañado?
Depende para qué… (risas) (Bueno, risas en mi cabeza, por lo menos)
Acompañado. Siempre acompañado. Todo es mejor acompañado. Y eso que siempre he sido un tipo bastante solitario… Cuando tenía 14 años me hicieron una entrevista en La Región, el periódico local de Ourense, y cuando me preguntaron qué quería ser de mayor, dije que “ermitaño”. Mis compañeros de clase se estuvieron riendo de mí el resto del curso, y muchos de ellos todavía lo recuerdan. He estado solo muchas veces y nunca me he sentido solo, y eso también es una suerte. Pero supongo que esos momentos de soledad me han hecho valorar a la gente de mi alrededor y el tiempo que paso con ellos. Ahora mismo, sin mi familia no soy nadie.
Ha pasado un tiempo desde que empezaste. ¿Has cambiado tú o tus historias?
He cambiado yo y han cambiado mis historias, sobre todo desde que tengo hijos. Ahora, la relación de padres e hijos me obsesiona hasta tal punto que está presente en todo lo que hago. Ahora, si escribo un thriller sobre la desaparición de un niño, mi historia tiene mucha más profundidad porque no me limito a contar los pasos de la búsqueda o pensar giros imposibles, sino que le doy más peso a la angustia de los padres, a su desesperación… Creo que mis historias se han vuelto más humanas, más reales. Eso no significa que haya cambiado de géneros. Me sigue apasionando la ciencia ficción, el terror, el misterio… Voy madurando, y el punto de vista de mis historias también. Y me encanta.
¿Te gusta cumplir años?
No me apasiona, pero no tengo más remedio. Mejor cumplirlos que no poder hacerlo. Además, no hay nada más bonito que ir haciéndote mayor (y con salud) junto a tus amigos y tu familia.
¿Algún consejo para los veinteañeros que quieren crear su propia serie?
Que no se corten. Están en la edad de escribir todas las locuras que quieran. Cuando tengan cuarenta ya habrán consumido gran parte de esa energía y estarán más preocupados de si este concepto es muy caro o de si la tendencia del mercado es otra. A los cuarenta, te apetece más charlar con amigos de reformas de casas que de series de TV. En tele ahora mismo veo más a los gemelos de Divinity que Netflix. Si tienes veinte años es para disfrutarlos, para pensar a lo grande, para querer cambiar el mundo y tirarte a la piscina cada dos por tres. Y que aprovechen que seguramente aún no tienen hijos para ver un montón de cine y televisión, de todos los géneros y épocas, y para leer un montón de libros.



One Comment
Emma
Un aporte muy interesante. Gracias por la información. Saludos.